Con cuatro años en el Instituto Agrícola Pascual Baburizza, Yannett Reinoso, como inspectora, se ha convertido en una figura cercana y muy valorada por estudiantes, familias y colaboradores. Trabajadora Social de profesión, decidió estudiar y titularse siendo adulta, realizando incluso su examen de grado en dependencias del establecimiento. Nacida en Calle Larga, actualmente vive en Rinconada, está casada hace 27 años y es madre de dos hijos profesionales.
Fanática de la Universidad de Chile, amante del fútbol y de las escapadas a la playa junto a su esposo, Yannett destaca por su empatía, capacidad de escucha y profundo compromiso con los jóvenes. En esta edición de Orgullo Pascualino, conocemos a una mujer que se siente plena, agradecida y feliz de aportar cada día al desarrollo y bienestar de nuestros estudiantes.
¿Cuánto tiempo llevas trabajando en el IAPB y qué significa para ti?
Este es mi cuarto año en el colegio y ha sido una experiencia muy significativa para mí. Siento que he crecido mucho tanto en lo personal como en lo profesional. Me emociona el respeto que me tienen los estudiantes; es algo que me he ganado con trabajo, cercanía y también siendo firme cuando corresponde. Cada día aprendo algo nuevo y eso me mantiene muy motivada.
Ha sido una oportunidad de crecimiento constante. Me siento contenta y realizada. Creo que estoy en un lugar donde puedo aportar desde mi experiencia y donde también recibo mucho aprendizaje. Trabajar con jóvenes es desafiante, pero también muy enriquecedor.
Los estudiantes suelen destacar mucho tu trabajo. ¿Qué crees que valoran de ti?
Pienso que valoran principalmente la empatía. Aunque pertenezco a una generación distinta a la de ellos, trato de escuchar, comprender y acompañar sin juzgar. Algo muy importante es que ellos sienten que les creo cuando me cuentan sus historias o inquietudes. Para muchos jóvenes, sentirse escuchados y validados marca una gran diferencia.
¿Cómo ha sido tu relación con los equipos de trabajo durante estos años?
Nuestro trabajo es complejo, pero hemos logrado complementarnos muy bien. Existe una relación de colaboración y apoyo permanente porque todos compartimos el mismo objetivo: entregar lo mejor a nuestros estudiantes. Hemos aprendido unos de otros y, aunque naturalmente existen diferencias, esas mismas diferencias nos han fortalecido como equipo. Hay mucho compañerismo y eso es algo que valoro profundamente.
Si tuvieras que entregar un mensaje a nuestros estudiantes, ¿qué les dirías?
Que crean en ellos mismos. Muchas veces los jóvenes enfrentan situaciones complejas y terminan dudando de sus capacidades. Yo quiero que sepan que sí pueden lograr sus metas. Recuerdo a un estudiante que conocí en primero medio y que vivía una situación muy difícil. Hace poco me contó que seguirá estudiando mecánica porque nunca olvidó cuando le dije que debía creer en sí mismo. También una exalumna me escribió para contarme que está estudiando ginecología, algo que alguna vez pensó que era imposible. Esos momentos me confirman que estoy en el lugar correcto. Quiero que cada estudiante, incluso aquel que hoy parece más desordenado o desmotivado, entienda que tiene potencial y que puede construir un futuro mejor.
Los estudiantes te ven como una persona cercana, pero también exigente. ¿Cómo equilibras ambas cosas?
Ha sido un aprendizaje. Al principio me involucraba emocionalmente mucho más de lo que correspondía. Con los años entendí la importancia de establecer límites sanos. Los estudiantes saben que pueden contar conmigo, pero también saben que existen normas y responsabilidades. Creo que el acompañamiento es fundamental, especialmente en contextos de vulnerabilidad, pero siempre manteniendo el rol profesional que nos corresponde.
Cuéntanos un poco sobre tu vida fuera del colegio.
Soy nacida y criada en Calle Larga, una tierra que llevo en el corazón. Actualmente vivo en Rinconada junto a mi esposo, con quien llevamos 27 años juntos. Tenemos dos hijos que ya son profesionales. Me considero una persona muy bendecida. He tenido una vida tranquila y siento que he cumplido muchas de las etapas que la vida me fue presentando. Hoy estoy disfrutando esta etapa con mucha gratitud.
Además, estudié Trabajo Social siendo adulta. Siempre digo que nunca es tarde para cumplir los sueños. De hecho, mi examen de título lo rendí aquí mismo, en el área técnica del colegio.
¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?
Soy fanática de la Universidad de Chile y me gusta mucho ver fútbol junto a mi esposo. No voy al estadio porque me da un poco de temor el ambiente, pero sigo los partidos con mucha pasión. También me gusta tejer; todavía estoy aprendiendo, pero disfruto mucho hacerlo. Y ahora que nuestros hijos ya crecieron, aprovechamos de salir más. Nos encanta escaparnos a la playa, ir a almorzar a Concón o simplemente disfrutar de momentos tranquilos juntos.
Este año el Pascual Baburizza celebra 85 años de historia. ¿Qué mensaje le entregarías a la comunidad en este aniversario?
Que sigamos fortaleciéndonos como personas y como comunidad educativa. Que continuemos trabajando unidos por nuestros estudiantes y mantengamos altas nuestras expectativas sobre ellos. Tal vez no somos un colegio perfecto, pero estamos avanzando por un muy buen camino. Creo profundamente en el trabajo que hacemos y comparto plenamente las aspiraciones de excelencia que tiene nuestra institución. Por eso sigo aquí, aportando cada día con convicción, compromiso y esperanza. Porque creer en las personas, acompañarlas y ayudarlas a descubrir su potencial también es construir excelencia.